Publicidad:
Terra
La Coctelera

HISTORIA DE UN MISIONERO

<strong>CAPITULO I: MI AMIGO, EL VIENTO

La vista desde acá arriba es impresionante, todo parece más pequeño, tan diminuto que podría colocar un pueblo en la palma de mi mano. Tomé unos segundos para contemplar los sinuosos caminos, como cicatrices en la piel, se esparcen y se pierden en el horizonte; pero de nuevo, mis intentos por distraerme fracasaron, y me encontré vagando en la profundidad de mis recuerdos.
Como celdas de alta seguridad, donde un escape es imposible, eran mis memorias; en esta ocasión me remonté 2 años atrás, cuando estaba solo, sentado sobre el césped que desprendía un aroma único, tal como cuando lo acaban de podar; ese olor era arrastrado por el viento, mi fiel compañero. Estaba feliz, mi corazón latía veloz, mientras mis labios partidos reflejaban una leve pero sincera sonrisa.
<> murmuré, mientras me cercioraba que nadie más, sino mi amigo el viento, se encontraba a mi alrededor. <>
Ahora parecía más cercano el día, nada podía empañar mis anhelos; le conté a mi invisible amigo mis ilusiones y la visión de mi futuro, que yo mismo provoqué y capturé fuertemente dentro de mis pensamientos. Veía un hombre de corbata y camisa blanca, pantalón obscuro, una mochila ceñida a la cintura; a su lado, otro joven vestido de la misma manera; ambos caminando de forma ágil y veloz, en busca d alcanzar sus sueños y cumplir con su propósito: servir.
<>. El viento se fue, llevando en sí mismo mi mayor tesoro, mi sueño.
Una dulce voz logró rescatarme de ese escenario del pasado, para trasladarme al inevitable mundo real. <>. Era una joven hermosa de cabellera castaña, larga y lasia; unos ojos preciosos, negros, tan negros que no pude evitar clavarme en ellos; su sonrisa cortó mi viaje a través de su mirada y coloqué mi cinturón. Había llegado ya a la mitad de mi recorrido; debía transbordar, así que bajé el avión y recogí mi boleto para el siguiente.
Paso a paso, me percataba del legado que dejaba atrás, de las personas que había conocido, familias enteras que probablemente jamás volvería a ver; sentía que mi corazón ya no regresaba entero, sino que había dejado piezas esparcidas en cada lugar donde viví.
Todavía no reconocia lo que estaba sintiendo, me encontraba abrumado, confundido por la rapidez con que se dieron las cosas; hacía una semana, no habría siquiera imaginado la sala de un aeropuerto, mucho menos que sería yo el viajero.
Me senté a esperar (lo cual significaba que aún tenía esperanzas); primero pensé que esperaba el avión, pero al cabo de unos minutos comprendí que era un milagro lo que ansiaba, un milagro que me obligara a regresar y olvidarme de lo sucedido. Pero no habìa mucho qué hacer, el tiempo seguía corriendo y mis ilusiones envejecían a cada segundo; fue entonces cuando por fin entendí que estaba muriendo, lento pero seguro...

Continuará....

Carta para Axfait

Mi querido axfait, hay ocasiones en que me gusta hacerme ilusiones y
pensar que alguna vez fuiste mìo; sin embargo, ambos sabemos que a pesar de
las extrañas miradas y los delicados gestos, nunca hubo manifestaciones claras
ni palabras de acierto.
Hubiese querido que te dieras cuenta de mis sentimientos, de lo
especial que eras para mì y de los muchos sueños donde ambos fuimos
protagonitstas; a veces me mordìa la lengua y apretaba los puños, para no
soltar prenda de lo que en mi interior pasaba, y me reprochaba por no ser
valiente, lo suficiente como para defender lo que mi corazòn dictaba.
Pasó el tiempo y observé cómo te marchabas; me sentí inútil, sin
fuerzas ni motivos para despertar, por temor a darme cuenta que ya no dormias
a mi lado; perdí la alegría de amanecer contemplando tu sonrisa, escuchando
tu voz ronca y ahogándome enla profundidad de tus ojos negros; pero lo que más
perdí fue una gran parte de mí...

Por siempre,

Tu Axzith